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LOS
ANGELES, nuestros fieles guardianes
Cuando crecemos dejamos de creer en muchas cosas. Nos olvidamos
de la fantasía y de la magia, de aquellos personajes que
saltaban de los cuentos y leyendas para apoderarse de nuestra mente
infantil y vivir a nuestro lado experiencias inolvidables. Hadas,
duendes, elfos, gnomos, ángeles... todos de alguna manera
nos hacían soñar y con ellos nos sentíamos
protegidos. ¿Quién no recuerda aquella oración
a la hora de acostarnos?: "Cuatro esquinitas tiene mi cama,
cuatro angelitos que me la guardan...". Y el sueño
era tranquilo y placentero porque creíamos de verdad que
aquellos cuatro angelitos nos custodiaban evitando que el mal se
acercase.
Pero nos hicimos adultos y nos enrolamos en esa vorágine
de la vida donde sólo las obligaciones, el trabajo y el trajín
del ir y venir empezó a ocupar todo nuestro tiempo. Tal vez
si echamos el freno y nos detenemos podemos recuperar aquella sensibilidad
infantil y volver a vivir gratas experiencias con aquellos personajes
y, ¿por qué no?, recuperar a nuestros ángeles
custodios.
Pero ¿quienes son esos ángeles?. Según el judaísmo,
el cristianismo y el islamismo, los ángeles son los servidores
y mensajeros de Dios. Son espíritus celestiales que hacen
de intermediarios entre Dios y los hombres. Su misión, además
de servir a Dios, consiste en orientarnos, aconsejarnos, protegernos
y ayudarnos. Intervienen en nuestra vida, a veces sin que nos demos
cuenta, otras veces a cara descubierta. Aunque son espíritus
dotados de cuerpos etéreos, en ocasiones podemos verlos porque
pueden adoptar la apariencia de una persona normal, de una figura
resplandeciente, o simplemente de una luz. Muchas personas afirman
haber tenido experiencias con ángeles, los han visto o han
sentido su presencia en un momento determinado. Dicen que cuando
un ángel se deja sentir, la persona percibe una sensación
de bienestar, tranquilidad y felicidad. Sin embargo, verlos o sentirlos
no es lo más importante. El hecho fundamental es que están
a nuestro lado siempre dispuestos a ayudarnos. Sólo tenemos
que hacer una cosa: pedir. Pedir aunque no creamos en ellos, pedir
para beneficiarnos de su ayuda, pedir en cualquier momento, pedir
aunque no les veamos, pedir con espontaneidad, sinceridad y naturalidad,
pedir, pedir, pedir... Sólo existen algunas condiciones:
que la petición se realice con respeto, claridad, sinceridad,
confianza en que vamos a conseguir nuestro deseo y por último
dos cosas más, que no perjudiquemos a nadie con nuestra petición
y que demos las gracias anticipadamente. Pero sobre todo, hay que
pedir, así es como funcionan los ángeles. Si no pedimos
difícilmente podemos conseguir algún deseo. Todos
podemos hacerlo. Merece la pena intentarlo.
Entablar una relación con los ángeles puede resultarnos
una idea descabellada, podemos sentirnos heridos en nuestra racionalidad,
pensar que es una actitud infantil y lejos de esa realidad a la
que tan celosamente nos aferramos. Bien, pero... ¿acaso vamos
a perder algo si lo intentamos? Posiblemente lo que realmente conseguiremos
es conmovernos ante unos resultados positivos y sorprendentes. Hay
que atreverse.
Tal vez nos preguntamos: ¿yo qué puedo pedirle a los
ángeles?. La respuesta es muy sencilla: cualquier cosa que
necesitemos. No existen límites para nuestras peticiones.
El número de ángeles a los que podemos solicitar ayuda
es enorme. Son tantos, que existen verdaderos especialistas dedicados
a socorrer cualquier circunstancia humana que ser nos presente.
Hay ángeles que curan las enfermedades del cuerpo y del alma,
ángeles que eliminan obstáculos, ángeles especialistas
en asuntos de dinero, ángeles que alivian el dolor, que alejan
la negatividad ,que transmiten amor, que traen alegría, que
ayudan en los estudios, que nos acompañan en los momentos
dolorosos, que nos trasmiten energías positivas, que calman
el estrés, que favorecen la creatividad artística,
la paz espiritual, la amistad... En fin, tantos ángeles como
deseos caben en el corazón de los hombres. No hay que tener
dudas, siempre hay un ángel a nuestro lado al que podemos
recurrir en un momento desesperado, en cualquier momento.
Además de recurrir a un ángel especialista para
resolver un problema muy concreto, podemos acudir a nuestro ángel
de la guarda. A todos se nos ha asignado un ángel de la guarda
cuando nacemos. Es ese al que consciente o inconscientemente
recordamos cuando hemos salido ilesos de algún apuro de una
forma que nos parece milagrosa. Entonces exclamamos "¡gracias
a que tengo un ángel de la guarda!". Pues bien, ese
es nuestro ángel custodio, el que siempre nos acompaña,
el que vela por nosotros. Casi todos hemos tenido conciencia de
él de forma involuntaria en algún momento de nuestra
vida. Pero si lo deseamos, también podemos establecer intencionadamente
un primer contacto con él e incluso conocer su nombre.
No se necesitan grandes rituales y ceremonias complicadas
para realizar ese primer contacto. Lo que sí es aconsejable
es que lo hagamos en un momento de tranquilidad, por ejemplo después
de unos minutos de relajación. Una vez sosegado nuestro
espíritu, realizamos una llamada mental con nuestra petición.
Luego esperamos y observamos muy atentamente los sucesos que ocurren
a nuestro alrededor. Con certeza ocurrirá alguna circunstancia
extraordinaria, alguna coincidencia extraña, algún
detalle fuera de lo común que esté relacionado con
nuestra petición. Esta es la respuesta de nuestro ángel.
Ahora lo que queremos es sacarle del anonimato, conocer su nombre
para que al realizar nuestras peticiones podamos pronunciarlo. Lo
único que tenemos que hacer es pedírselo. Una forma
muy sencilla de averiguarlo es hacerlo por la noche cuando nos acostamos.
Pensamos en él mentalmente, con intensidad y le pedimos que
nos revele su nombre. Puede ocurrir que su nombre aparezca en alguno
de nuestros sueños o, por el contrario, que se manifieste
clara y nítidamente cuando nos despertamos por la mañana.
Puede ser un nombre cualquiera, conocido o no, pero con seguridad
ese es el nombre de nuestro ángel de la guarda. Desde ese
momento tendremos siempre la sensación de que estamos acompañados
y protegidos. Desde ese momento cada vez que nos encontremos en
una situación complicada o difícil podemos acudir
a él, pedirle ayuda mentalmente, con fuerza, con sinceridad.
Y nos sorprenderemos una y otra vez de la eficacia de nuestro ángel.
Conforme pase el tiempo nuestra relación con él será
más estrecha e intensa y sabremos descifrar las señales
que nos deja para guiarnos por el camino que más nos conviene.
Aunque no podamos verlos ni sentirlos, aunque tengamos dudas, aunque
no seamos creyentes, aunque lo consideremos un atentado a nuestro
pensamiento racional y lógico, hagamos la prueba. Merece
la pena establecer contacto con los ángeles porque ellos,
esos seres de naturaleza espiritual que habitan en el mundo invisible,
están deseando ayudarnos, hacernos felices, convertirse en
nuestros aliados para orientarnos y solucionar nuestros problemas
por pequeños e insignificantes que sean.
Cuando hayamos tenido alguna relación con un ángel
y hayamos sentido las señales que nos envían como
respuesta a nuestras peticiones, nos daremos cuenta de que a pesar
de ser adultos, serios y responsables también podemos volver
a creer ellos y, sobre todo, conseguiremos beneficiarnos de ese
fabuloso mundo espiritual cargado de energía positiva que
no está tan lejos como pensamos. Los ángeles están
al alcance de tu mano. Esconde la timidez y pídeles lo que
se te ocurra. A ellos les encanta ayudarnos. |