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Ese universo invisible en la antigüedad
Dormimos, soñamos, siempre soñamos... y luego... despertamos.
En este trance pasamos aproximadamente un tercio de nuestra vida
y la quinta parte del tiempo que dormimos la pasamos soñando.
¿Qué son los sueños? ¿qué nos
expresan?, ¿nos quieren decir algo?. Esta es sólo
la muestra de un sinfín de preguntas que podemos formularnos
sobre esta materia, sin embargo la respuesta a estas preguntas no
es fácil, ni clara, ni absoluta. El tema de los sueños
ha fascinado a todos los pueblos a lo largo de todos los tiempos
porque el hecho de soñar es y ha sido una experiencia humana
universal y constituye un hecho cotidiano. "Hoy he soñado
que ..." es una frase habitual para aquel que recuerda un sueño
de la noche anterior y se lo quiere contar a un amigo, a un compañero.
A veces nos conformamos con expresar simplemente el sueño,
sin darle más vueltas. Otras veces decimos: "esta noche
he tenido un sueño rarisimo... ¿qué querrá
decir?". Y desearíamos saber el significado, lo que
se esconde detrás.
El hecho de soñar ha sido siempre un misterio que ha despertado
las más grandes especulaciones a lo largo de todas las generaciones.
Hace unos 4000 años la floreciente civilización egipcia
concedía ya una gran importancia a los sueños. Los
egipcios pensaban que los sueños eran manifestaciones de
los dioses quienes se aparecían portando con ellos mensajes
de esperanza o temor, hablaban del camino que había que tomar
en un determinado momento, cuál era la formula para curar
un mal específico o qué decisiones políticas
y militares eran las más correctas en una situación
determinada, también daban consejos o demandaban algo. De
los sueños y de su interpretación se habla en el papiro
de Chester Beatty, un libro procedente de Tebas, en el Alto Egipto,
escrito alrededor del año 1350 a.C. y que se conserva en
el Museo Británico. En este libro se distinguen dos tipos
de sueños: los "buenos" y los "malos".
Utilizaban la idea de la antítesis, es decir si soñamos
con la muerte es señal de una vida larga (concepto que ha
pervivido a lo largo del tiempo y que todavía manejamos hoy
día). Los egipcios realizaban conjuros y ritos destinados
a evitar los efectos de malos sueños así como para
provocar sueños con fines específicos. Esta acción
de provocar los sueños se llamaba incubación (dormir
en el santuario) y generalmente eran los sacerdotes en los templos
los que la practicaban. Consistía en llevar al templo para
dormir a las personas que tenían un problema o estaban enfermas
y ayudadas con pócimas y practicando el ayuno se provocaban
sueños benéficos donde el dios aparecía para
dar la solución a la enfermedad o al problema. Esta práctica
de llevar a los enfermos a un lugar determinado para que se produzca
su curación se mantiene todavía en nuestros días
y convoca en algunas ocasiones un gran número de fieles y
creyentes.
Gracias al descubrimiento de la biblioteca de Nínive del
rey asirio Assurbanipal, que reinó en el siglo VII a.C.,
se sabe que también los asirios utilizaban los libros para
interpretar los sueños. Esta biblioteca está repleta
de teorías oníricas y en las tablas de Assurbanipal
se baraja también el concepto de que los sueños significan
lo contrario de lo que expresan. El Talmud babilónico, colección
de escritos sagrados de los judíos, compuesto entre los siglos
VI y II a.C. está salpicado de abundantes datos referidos
a formas y maneras de interpretar los sueños, así
como procedimientos para prevenir los malos. También ellos
hacían la clasificación en sueños buenos y
sueños malos , estos últimos provocados por los malos
espíritus.
El Antiguo Testamento nos habla de los sueños que tuvo José,
de los sueños del Faraón, de Daniel, de Salomón,
de Nabucodonosor y de Jacob. En el Nuevo Testamento hay también
narraciones de sueños proféticos y en el Corán,
el libro sagrado de Mahoma, se encuentran reflexiones sobre los
sueños. Los antiguos griegos también hicieron su contribución
al mundo de la interpretación onírica de la que se
ocuparon, entre otros, los filósofos Platón y Aristóteles.
Posteriormente los romanos, grandes aficionados a todas las clases
de adivinación, nos dejaron una gran cantidad de ideas y
teorías acerca de los sueños y de su interpretación.
Tal fue el interés que se tomó el emperador Augusto
por este tema que incluso aprobó una ley para que todo aquel
que soñase con la República debía divulgarlo
públicamente. Famosos fueron los sueños de Nerón
interpretados por su consejero Petronio y sobre todo el ensayo De
la adivinación escrito por Cicerón, el orador más
elocuente de Roma, donde trata también el tema y desbarata
las teorías sobre los sueños admitidas en su tiempo.
Con la aparición del cristianismo algunos conceptos sobre
la inspiración divina de los sueños se tuvieron que
seguir manteniendo dado que la Biblia contenía demasiados
datos oníricos como para no tenerlos en consideración.
Por tanto el tema se convirtió en un campo de batalla donde
tuvieron que lidiar muchos escritores cristianos, como San Agustín
y Tomás de Aquino, quienes unas veces combatían las
teorías y otras veces las aceptaban o modificaban. Hay que
citar al adivino romano Artemidoro que vivió en el siglo
II d.C. quien escribió una obra sobre los sueños donde
recogió una extensa lista de significados ordenados alfabéticamente.
La recopilación de Artemidoro fue utilizada posteriormente
por muchos autores y se ha reescrito y modificado en muchas ocasiones.
De hecho, libros como el suyo siguen utilizándose en la actualidad
como es el caso de la recopilación publicada por el freudiano
Hanns Kurth en 1976 donde recoge 2.300 símbolos con 6.250
significados..... [mas]
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