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Dormir no es morir
Hasta no hace mucho tiempo se consideraba que el hecho de dormir
constituía un estado pasivo en el cual cesaba la conciencia
y no se realizaba ningún tipo de actividad. Simplemente se
pensaba que al estar dormidos dejábamos de vivir, era como
una pequeña muerte que nos visitaba todos los días.
Todavía hoy hay personas que perseveran en esa opinión
y tratan de acortar los períodos de sueño porque consideran
que si duermen no viven. Sin embargo, gracias a las modernas investigaciones
sobre el sueño, se ha llegado a una concepción totalmente
distinta: no se trata de un proceso de inactividad ni de ausencia
de acontecimientos sino todo lo contrario, durante el tiempo en
que permanecemos dormidos se produce una gran actividad rica en
sucesos y cambios. Nuestro cerebro vibra, permanece activo mientras
dormimos. Las neuronas no descansan y siguen intercambiando señales
eléctricas que se detectan en la superficie del cerebro.
Toda esa actividad cerebral, ese movimiento de neuronas se pueden
captar, amplificar y registrar gráficamente gracias al electroencefalograma
(EEG). El EEG no nos cuenta lo que piensa o siente la persona, solamente
nos dice si el cerebro trabaja o no, de qué manera lo hace
y si está despierto o dormido, y por supuesto confirma que
el cerebro no descansa mientras estamos durmiendo. Esa actividad
que se registra en el cerebro durante el sueño es distinta
a la actividad que tiene durante la vigilia. Además no es
uniforme. Cambia durante la noche, es cíclica.
Cuando nos dormimos entramos en un ciclo del sueño que se
caracteriza porque el pulso cardíaco y la tensión
arterial descienden y la activación del sistema nervioso
es escasa. Este tipo de sueño se produce durante la mayor
parte del tiempo en que permanecemos dormidos. Sin embargo cada
cierto tiempo nos vemos asaltados por otro tipo de sueño
mucho más profundo que se caracteriza porque el sistema nervioso
aparece mucho más activo y la relajación muscular
aumenta. Durante este segundo período se producen los movimientos
oculares rápidos y los sueños. A este segundo ciclo
se le denominó sueño REM (Rapid Eyes Movement), sueño
paradójico o sueño profundo. Al primero se le conoce
como sueño no REM o sueño tranquilo. Lo normal es
que una persona mientras duerme tenga de 4 a 5 períodos de
sueño REM que suelen durar de 5 a 20 minutos y se producen
a intervalos de tiempo de 90 a 100 minutos. El resto del tiempo
es ocupado por sueño no REM.
A un profano en sueños REM y no REM le parecerá muy
difícil distinguir cuándo una persona se encuentra
en uno u otro ciclo del sueño. Sin embargo no hay nada tan
fácil de comprobar. Toda persona que viaje en medios de transporte
público seguro que ha observado en muchas ocasiones a algún
trasnochador que de repente se queda dormido mientras viaja tranquilamente
sentado en el vagón del Metro o en el asiento de un autobús.
En primer lugar observamos que cierra los ojos vencido por el sueño,
pasado un rato la cabeza se le cae repentinamente sobre el pecho
(o hacia su vecino de al lado) e inmediatamente la levanta y se
despierta. En ese preciso momento su sueño ha pasado de no
REM a REM. También hemos observado muchas veces, sobre todo
en los bebés que están dormidos plácidamente
en su cuna, que por debajo de los párpados cerrados, sus
ojos se mueven de vez en cuando. Ese es el momento en que el niño
está en plena fase de sueño REM. Otra forma de comprobar
cuándo una persona se encuentra en la fase de sueño
REM es despertarla (ojo con esto no nos vayamos a encontrar sorpresas)
cuando notemos los movimientos oculares. Si sobrevivimos a este
experimento seguramente el espabilado durmiente nos dirá
que estaba soñando (hecho que ocurre en el 90% de los casos).
Y así pasamos la noche. Durmiendo y soñando... y al
despertar es posible que las imágenes oníricas queden
cristalizadas en nuestra retina... tan nítidas que parecen
un fragmento de algo que acabamos de vivir. La mayoría de
las veces esas vivencias oníricas, nuestros sueños,
nos parecen descabellados, ilógicos, irreales. Nos parecen
escenas sin sentido, incoherentes, contradictorias, hechos inverosímiles
que relacionan cosas, acontecimientos y personas que en la vida
consciente no guardan ninguna relación. Sin embargo toda
esta amalgama de acontecimientos, sentimientos y sensaciones que
se mezclan tienen que ver con nosotros por muy extraño que
parezca. Provienen de ese lado oculto y desconocido que todos tenemos,
el inconsciente. Y los sueños son manifestaciones de ese
inconsciente que a través de un lenguaje simbólico
nos envían mensajes.
Muchas personas sienten la necesidad de saber cuales son esos mensajes
que los sueños nos mandan durante los períodos de
descanso. Para ello tenemos que interpretarlos, saber qué
significan. Este es un tema que ha suscitado un gran interés
a lo largo de todos los tiempos y que ha hecho correr ríos
de tinta durante todas las épocas. Hoy, gracias a los
avances sobre la fisiología del sueño, sabemos que
tienen un sentido, que no son una serie de imágenes casuales
sin más. Los sueños son productos de nuestra
mente que están cargados de un gran significado. Expresan
nuestros deseos, nuestros miedos, las preocupaciones que nos asaltan,
las obsesiones que nos acorralan. En definitiva, nos están
diciendo algo, nos están lanzando mensajes desde nuestro
lado inconsciente. Y todo esto lo podemos aclarar por medio de la
adivinación y de la interpretación. Además,
si aprendemos a examinarlos, si les prestamos un poco de atención,
si penetramos en nuestro mundo onírico, oculto y desconocido,
y no nos asusta analizar tanto los sueños agradables como
los desagradables, posiblemente encontraremos una gran ayuda para
orientarnos en nuestra vida cotidiana. Por eso dormir no es
morir, porque cuando dormimos soñamos y al soñar la
vida se presenta ante nuestros ojos destapando aquellas ansiedades
y deseos que por medio de la interpretación vamos
a ser capaces de conocer para ser más felices y conocernos
mejor.
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