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Introducción
Desde los tiempos más remotos el ser humano se ha sentido fascinado y atraído
por las piedras hasta el punto de convertirlas en objetos con significado y en
fuertes protectores contra los males que le acosaban. El hombre descubrió
sus enigmáticas formas, quedó deslumbrado por la variedad de sus
colores, por la intensidad de sus destellos, por su solidez, por su seductora
apariencia y, entonces, apreció su belleza, las acogió y las encumbró
hasta colocarlas en uno de los lugares más destacados de su existencia.
Aunque nada sabía, al principio, de su estructura, ni de su composición
química, ni de su origen, las valoró intensamente y las incorporó
a su cotidiano acontecer. Creó mitos y leyendas en torno a ellas otorgándoles
en ocasiones un gran valor simbólico. Las utilizó en rituales religiosos,
en construcciones funerarias, en monumentos en honor a los dioses, en estatuas,
armas, adornos, utensilios, etc., apreciándolas por su utilidad, por su
incomparable atractivo y por las benéficas cualidades de las que creía
que estaban dotadas. Las piedras, esos minerales que pueblan la corteza terrestre
y que nos han acompañado con su mirada estática desde todos los
rincones del planeta, fueron antes y son ahora valiosos ejemplares geológicos
que poseen, aunque el mundo científico se muestre escéptico, ciertas
propiedades curativas y protectoras específicas.
Pero, al principio,
en la época prehistórica, no eran las gemas más bellas y
valiosas las que atrajeron la atención de los hombres sino aquellas piedras
que habían sido agujereadas de forma natural por el viento o la lluvia.
Estas piedras con orificios naturales eran muy apreciadas por las sociedades primitivas
y se les concedió grandes poderes mágicos, sobre todo aquellas cuyas
oquedades podían ser rellenadas con otras piedras más pequeñas
y que llegaron a ser auténticos símbolos de fertilidad. Todavía
hoy, en algunos lugares, se piensa que encontrar en la orilla del mar o en cualquier
otro lugar de la naturaleza una piedra con un orificio trae buena suerte.
De la tierra también surgieron las resplandecientes gemas, minerales
muy apreciados, antes y ahora, por su variado colorido, por su deslumbrante belleza,
por su escasez y por su dureza. Se dice que las gemas simbolizan la evolución
de lo opaco a lo luminoso, una vez cortadas, preparadas y limpias de impurezas
surge la luz y el brillo del cristal, como el alma de un ser humano al que se
le despoja del cuerpo material. Este significado místico puede explicar
en parte la razón de la fascinación que han ejercido siempre las
piedras y los cristales sobre el ser humano. Lo cierto es que, aunque
se desconoce el origen de este interés tan grande por las piedras en general,
empezaron a utilizarse no sólo por su belleza sino también por sus
atribuciones benéficas y mágicas y se llevaban en forma de amuletos
mágicos y protectores personales e incluso surgieron infinidad de leyendas
que explicaban sus poderes. Se emplearon para diseñar anillos, colgantes,
collares, broches, coronas y todo tipo de adornos, todos ellos con una gran representación
simbólica. Las gemas que adornaban la corona de un rey no sólo expresaban
el papel dominante del soberano sino que también le protegía contra
las fuerzas hostiles y las desdichas ocultas. En Egipto el lapislázuli
otorgaba poder y realeza así como también favorecía la comunicación
con los dioses. Los antiguos aztecas hacían espejos con obsidiana para
usarlos en la adivinación y eran muy aficionados, como los egipcios y los
chinos, al jade para la confección de sus amuletos. La Pechera de Aarón,
tal como explica la Biblia, fue elaborada con doce piedras preciosas, sardonix,
topacio, carbunclo, esmeralda, zafiro, diamante, ligure, ágata, amatista,
berilio, ónix y jaspe, que representaban las doce tribus de Israel, los
doce meses del año y los doce signos del zodíaco. El rubí
es la piedra más valiosa para los hindúes y según se cuenta
San Valentín llevaba siempre consigo una amatista. El papa Inocencio III
obligó a que sus obispos llevaran un zafiro en sus anillos ya que su color
simbolizaba el cielo. También el emperador Adriano llevaba un anillo de
topacio como amuleto donde se leía una inscripción en la que se
afirmaba que el todopoderoso dominaba sobre la naturaleza. Mahoma utilizaba una
carnelina engarzada en un anillo de plata, Napoleón I y Napoleón
II utilizaron como amuleto un sello también de carnelina, y el escritor
Richard Francis Burton poseía una estrella de zafiro que le acompañaba
a todas partes. Son muchas las historias que se han forjado en torno
a las propiedades, cualidades y belleza de las piedras. Pero sea cual sea el origen
que las han llevado a ocupar un lugar tan destacado dentro de las sociedades de
todos los tiempos, lo auténticamente cierto es que desde los tiempos más
remotos se han utilizado de forma sobresaliente como recursos para evitar los
temores que provocaban las fuerzas maléficas y como símbolos de
poderes mágicos que ayudaban al hombre y lo protegían de las desgracias.
Algunos afirman que está comprobado el poder curativo de las piedras en
general, ayudándonos a reducir el estrés, a superar crisis, calmar
los nervios, alcanzar éxito en nuestras tareas cotidianas, proporcionándonos
equilibrio emocional, alegría, protección, armonía, vitalidad,
amor, fuerza interior o bienestar físico entre otras muchas propiedades
curativas y beneficiosas que nos ayudan a superar nuestros miedos y a enfrentarnos
a las obligaciones de la vida cotidiana. Con el tiempo las gemas y los
minerales en general fueron perdiendo el aura mágica que las rodeaba y
sus usos primitivos quedaron eclipsados. Por un lado la mineralogía moderna
estudió sus propiedades y su origen para posteriormente clasificarlos y
otorgarles unos usos muy diferentes dentro de las diferentes ramas de las ciencias.
Por otro lado los joyeros mejoraron sus técnicas creando con ellas lujosas
y costosas obras de arte que no estaban al alcance de todos. Todo esto ocasionó
que dejasen de representar a los poderes mágicos y se convirtieran en símbolos
de riqueza y de una posición social elevada. Se las quería y admiraba
por su estética, por su valor como patrimonio personal, pero su antigua
significación, excepto en casos muy concretos, dejó de existir.
Sin embargo durante los últimos tiempos ha habido un resurgimiento
del interés por las creencias místicas de nuestros antepasados abanderado
por un sector de la humanidad cansado de desastres ecológicos, del abandono
de la espiritualidad y de lo trascendente, del consumismo exacerbado, del ocaso
de las ideologías, de las consecuencias indeseables del progreso tecnológico,
entre otros muchos males que acosan a la humanidad actual. En medio de tal confusión
y desorientación cultural muchas personas se han rebelado y han buscado
un nuevo modo de insertar al hombre en el mundo. Para ello, han elegido un camino
diferente que consiste en conducir al hombre hacia el bienestar por medio de la
aceptación de los sistemas de creencias místicos de aquellos que
nos precedieron. Este es uno de los ideales que puede otorgar tranquilidad y seguridad
al ser humano. Y dentro de este nuevo movimiento social, las piedras, los minerales,
las gemas, han ocupado un lugar destacado. Su uso mágico se ha popularizado
una vez más y han empezado a venderse como objetos ocultos para ser utilizados
como lo hacían nuestros antepasados. Ahora se usan gemas y cristales no
sólo por razones decorativas y estéticas ni porque definen una posición
social elevada. Se utilizan porque se ha recuperado la fe en sus poderes protectores,
porque cada una de ella posee una influencia protectora determinada y porque gracias
al bajo precio al que muchas de ellas se pueden adquirir, están al alcance
de todos. Los minerales, las bellas gemas, los cristales, con sus formas, sus
colores, sus poderes, son extraordinarios amuletos que nos proporcionan suerte,
nos liberan de nuestros males y nos aportan un estado de bienestar gracias a sus
poderes curativos y a la protección que nos otorgan. Pero ¿de
dónde surge todo ese poder?. Según dicen, las piedras poseen la
facultad de absorber la energía de la Tierra, dado que se encuentran adheridas
en sus entrañas. Cuando son extraídas y se ponen en contacto con
los seres humanos pueden transmitirle todo ese poder acumulado. Son, por lo tanto,
grandes condensadoras de energía vital procedente de la naturaleza. Absorben,
retienen y transmiten energía. Por este motivo pueden resultarnos muy beneficiosas
ya que consiguen absorber nuestras energías negativas y cargarnos al mismo
tiempo con energías renovadas y positivas. Además actúan
sobre cada uno de los siete centros de energía situados en el cuerpo humano
(chakras) eliminando los obstáculos que se interponen entre ellos con el
fin de equilibrar nuestro sistema energético y curar enfermedades tanto
físicas como psíquicas. Los usos terapéuticos de
las piedras es la práctica utilizada en gemoterapia con el fin de armonizar,
estabilizar y otorgar a la persona la energía que necesita, en una palabra:
sanarla. Cada piedra tiene una propiedad energética diferente capaz de
curar y equilibrar las diferentes partes del cuerpo de cualquier persona. También
existe una o varias gemas indicadas para cada uno de nosotros dependiendo de la
fecha de nuestro nacimiento, es decir, relacionada con el signo zodiacal al que
pertenecemos. De esta manera cada piedra perteneciente a cada signo zodiacal es
capaz de potenciar todo lo positivo de cada signo y reducir todo lo negativo.
Géminis se verá beneficiado con un ojo de tigre porque esta gema
por un lado le ayudará a potenciar la habilidad manual, las relaciones
humanas, la creatividad, el ingenio, y por otro conseguirá apaciguar su
intranquilidad, su inconstancia y su nerviosismo, entre otras muchas características
positivas y negativas que definen a este signo. Tauro si lleva siempre consigo
una piedra de cuarzo rosa notará cómo aumenta su paciencia, su perseverancia
y estabilidad y al mismo tiempo apaciguará su testarudez, sus celos o su
rencor. Cada signo tiene su piedra y cada uno de nosotros, si hacemos de "nuestra
piedra" una compañera tenaz, podemos comprobar cómo sus efectos
son tan beneficiosos que ya no querremos nunca desprendernos de ella.
Gracias a la curiosidad que ha sentido siempre el ser humano por todo lo que le
rodeaba, hoy podemos disfrutar y beneficiarnos del inmenso poder que las piedras
nos ofrecen. Nuestros antepasado miraron en torno suyo y vieron, observaron, indagaron,
y encontraron. Y todo lo que ellos descubrieron nos ha sido conferido como el
legado más valioso que ahora, el hombre actual, puede llegar a poseer.
Tanto si obtenemos una piedra para usos concretos como si adquirimos "nuestra
piedra", la tocamos, la acariciamos y la incorporamos a nuestra vida, posiblemente
lleguemos a sorprendernos del beneficio y las ventajas que puede llegar a aportarnos
en nuestra existencia cotidiana. |