| La Ágata
Por fuera parecen feos pedruscos mates
y ennegrecidos, pero en su interior guarda una gran belleza. Compuesta, la mayoría
de las veces, de capas concéntricas de cuarzo de los colores más
diversos que se puede imaginar, parecen las ondas que se forman en la superficie
del agua de un estanque cuando tiramos una piedra. Así es el aspecto de
un ágata por dentro, una auténtica obra de arte de la naturaleza.
Existe una gran variedad de ellas dependiendo de los dibujos que forman las diferentes
franjas de color. Las hay en forma de estrella, de nebulosa, con aspecto de musgo,
con dibujos que parecen verdaderos paisajes, o simplemente ágatas cuyas
capas son todas del mismo color.
En la antigüedad la llamaban la
"sagrada piedra astral" por su variado colorido y era considerada la
"piedra del triunfo" porque proporcionaba la victoria sobre los enemigos.
Por eso los atletas no dudaban en llevar siempre consigo un ágata, ya que
con ella conseguían buena suerte en las competiciones. Les otorgaba
valor, fuerza y poder asegurándoles la victoria. Otra de sus grandes cualidades,
trasladada hasta nosotros desde los tiempos más remotos, es la de provocar
la fertilidad en los campos cultivados y en los jardines. Se dice que si se
lleva en la mano o se ata en un brazo mientras se practica la jardinería
o la agricultura, los jardines se llenarán de flores y las cosechas serán
abundantes. Es pues una gran protectora del suelo que ayuda a que la tierra sea
fértil.
Fue muy venerada por los antiguos quienes también
la consideraban "la piedra de la ciencia". De hecho figuraba como una
de las piedras preciosas del pectoral de Aarón, uno de los objetos sagrados
destinados al culto que Yavé ordenó construir a Moisés para
el Tabernáculo y cuya preparación se describe en el Libro de Éxodo
(capítulo 28 -vestiduras sacerdotales-) contenido en la Biblia. En ocasiones
recibe el nombre de "piedra de fuego" porque según se cree tiene
la facultad de infundir entusiasmo al cuerpo y otorgar nuevas energías
a quien la lleva. También se la denomina "piedra del trotamundos" porque es capaz de impulsar los cambios.
La ágata es un mineral
de una belleza extrema. Belleza física y belleza espiritual que protege
y da valor. Protege contra los peligros, contra la cobardía, la discordia,
el insomnio, el mal de ojo, y las deficiencias del metabolismo. Otorga valor y
coraje alejando, por tanto, el miedo y generando confianza y autoestima. Asegura
la victoria sobre los enemigos, da energía, favorece a los deportistas,
propicia los sueños agradables, combate la esterilidad, infunde alegría
y ayuda a que se produzcan cambios. La versatilidad del ágata es elevada,
como el atractivo encerrado en cada una de sus capas, en cada uno de sus múltiples
colores, en cada uno de sus rincones energéticos y poderosos.
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