| ZARA
Llega a mi recuerdo nuestro primer encuentro. Alguien
me había hablado de ti, y la realidad es que esperábamos algo escépticas
tu llegada con la casi firme convicción de que no ibas a ser la elegida.
Al abrir la puerta de casa esa noche y entre los brazos amigos de quien
te traía, asomaba tímidamente bajo esa dulce mantita de colores
y tratando de salir de ella una cabecita dorada y negra, con esos grandes ojos
azabaches transmitiendo contradictorias sensaciones, se podía sentir la
mezcla de ellas. Luchabas entre la timidez, la sorpresa, el arrojo, el miedo...,
pero intuí que ya entonces podía contigo la curiosidad ante lo desconocido
¡tenías que inspeccionarlo todo! y con una cierta altivez y valor,
saliste de tu cobijo. ¿Te acuerdas Zara?... todas queríamos cogerte,
acariciarte, pasabas de mano en mano y pronto surgieron los turnos para tenerte
en brazos.
Tímidamente, con tu más adelante peculiar parsimonia,
te lanzaste en tus primeros escarceos, diste tus pequeños pasos aún
algo torpes y pendulares, tuviste tus resbalones por querer darte prisa en conocer
donde te encontrabas, y siempre con ese delicioso movimiento trasero característico;
querías marcar tu territorio... ¡ y ya lo creo que lo hiciste!...
hasta eso nos pareció simpático. Sabías que eras el centro
de atención, te sentiste fuerte y creo que, en definitiva, pronto te hiciste
la dueña, al menos en principio, de nuestra casa y muy rápidamente
de nuestros corazones; nos adoptamos mutuamente y ya no saliste de ella, y lo
que es más, sé que tú ahora, desde donde te encuentres, sabes
muy bien que no saldrás nunca de nuestra vida.
Los primeros
días fueron difíciles para todos, teníamos que conocernos,
medirnos, y educarnos.
Llegaste en un momento delicado en nuestra vida
familiar. Todo eran cambios, y estábamos perdidas en muchas cosas. El tiempo
fue pasando y las experiencias contigo, aunque a mi me parezcan únicas,
dejo a un lado mi presunción y las califico de normales.
No obstante
no puedo evitar recordar el susto de tu dueña Laura cuando pensaba que
jugando te había roto un diente y era el cambio de los de leche, o cuando
Julia se preocupó pensando que te pasaba algo con tu primer celo, o lo
importante que le has hecho sentir a "la abu" porque además de
su compañera incondicional siempre conseguía que te mostrases dócil
y obediente, o cuando en alguna ocasión observabas mi tristeza y te
acercabas sigilosa, poniendo tu cara en mi regazo y mirándome con esos
enormes y expresivos ojos me transmitías... "no te preocupes, yo estoy
aquí".
Lo que sí es extraordinario y es lo que
deseo agradecerte desde dentro, es el bien que nos hiciste a todas, y sabes que
me refiero a ese bien interno, profundo; ya que gracias a ti, aprendimos poco
a poco a demostrar el afecto sin miedo, aprendimos a saber que no era un síntoma
de debilidad el querer, el dar, contigo realmente aprendimos y mucho.
Por
eso al ser consciente de lo que te debemos, de alguna manera quiero ahora que
no estás dedicarte estos sentimientos llenos de gratitud y de cariño,
que no es en definitiva nada más que una pequeña compensación
por tu abnegación, paciencia y ternura.
Siempre
estarás con nosotras.
Gracias
Zara.
|