| El
ritual de año nuevo 2
Este ritual de Año Nuevo se puede
realizar también el día de Navidad con la condición de que
tengamos las velas encendidas durante siete horas como mínimo. Pero el
momento más indicado es llevarlo a cabo aproximadamente dos horas antes
de que se acabe el año (encendido de las velas) y terminarlo diez minutos
después de traspasar la barrera del año nuevo (momento en el que
se apagan las velas). Esa noche, nuestra noche mágica, colocaremos el altar
en un lugar adecuado y firme. Lentamente, sin prisas, vamos distribuyendo cada
vela en su lugar correcto. La vela blanca exagonal en el centro de la parte superior
del altar, la vela plateada en el lado izquierdo, la vela dorada a la derecha
y la roja en la parte de abajo (tal como indica la foto que muestra Meigaweb).
Nos reunimos alrededor del altar con nuestra familia o con nuestros amigos, si
es nuestro deseo, o permanecemos en soledad si no nos apetece compañía
o no la tenemos. Procedemos al encendido de las velas en el sentido de las agujas
del reloj, primero la plateada, luego la exagonal, en tercer lugar la dorada y
por último la roja (siempre se procede de esta manera en los rituales de
afirmación).

Ahora es el momento para la concentración.
Dirige tu pensamiento hacia el objetivo que quieres conseguir procurando no distraerte
en otras reflexiones, expresa verbalmente tus aspiraciones para el año
nuevo o pronuncia un texto que tú mismo has podido escribir para esta ocasión
y en donde expresas lo que quieres que ocurra (también puede ser un texto
elegido de algún libro con el cual te identifiques completamente y sirva
a tus propósitos). Luego imagínate que ya lo has conseguido, que
ya es una realidad, visualiza sin temor que tus deseos se han cumplido. Se respira
una atmósfera de paz. Algo mágico está ocurriendo, tu fuerza
mental, ayudada por el fuego, camina hacia un desenlace favorable, lo estás
viendo, lo estás sintiendo, lo estás descubriendo. La
duración del ritual podemos establecerla nosotros siempre que nos tomemos
el tiempo necesario y no vayamos con prisas. Las prisas es el enemigo número
uno de los rituales. Cuando hemos terminado el periodo de concentración
volvemos tranquilamente a disfrutar de esa Nochevieja recuperándonos del
esfuerzo mental que hemos realizado. Tomamos nuestras doce uvas de la suerte y
pasados diez minutos apagamos las velas sin soplar sobre ellas. Y... ahora sí...
ya podemos desear a todos un próspero Año Nuevo porque esa frase
hecha, ahora tiene un auténtico y profundo sentido. ¡Feliz Año
Nuevo!..... [atrás] |