El hombre ha sentido siempre miedo. Antes
y ahora. La enfermedad, el desamor, la debilidad, el fracaso,
lo desconocido, la soledad, la pobreza, la insatisfacción
de nuestros deseos.
El hombre ha sentido siempre miedo. Antes y ahora.
La enfermedad, el desamor, la debilidad, el fracaso, lo desconocido,
la soledad, la pobreza, la insatisfacción de nuestros deseos.
Estos y otros muchos males hacen que nos sintamos desdichados, por
eso les tememos. Buscamos liberarnos de ellos al mismo tiempo que
intentamos mitigar, eliminar el sufrimiento que provocan en nosotros.
Buscamos un camino, un aliado que nos auxilie. Algo que calme el
miedo y la aflicción que a veces nos impide continuar avanzando
por la vida. Por eso muchas personas necesitan creer. Creer que
existe algo poderoso capaz de protegernos y devolvernos la fortuna
y la dicha.
Al principio de los tiempos el entorno que rodeaba al hombre era
hostil. La dureza del clima, los fenómenos naturales, las
enfermedades y el hambre, entre otros muchos elementos, hacían
que el hombre primitivo se sintiera atemorizado. Pero rendirse al
miedo era detenerse y morir. Por eso buscaron ayuda en un gigantesco
aliado: los poderes de la naturaleza. Convirtieron en dioses a estas
fuerzas naturales, les otorgaron ciertos atributos y empezaron a
adorarlos. Luego buscaron un símbolo que representara a los
dioses y a las fuerzas que encarnaban y los tallaron o dibujaron
sobre diferentes objetos: había nacido el amuleto. Así
fue como el sol, la luna, la tierra, los océanos, convertidos
en dioses poderosos, empezaron a ocuparse de temas muy concretos:
la guerra, el amor, la justicia, la belleza, la fuerza, el tiempo,
etc.
El hombre primitivo pensaba que al crear un símbolo se concentraba
en él todo el poder y las facultades de los dioses y que,
a través de sacrificios y adoraciones, los humanos podían
extraer esos poderes y utilizarlos en caso de necesidad con el fin
de triunfar y sentirse felices. Se sentían seguros y protegidos
simplemente llevándolos constantemente encima inscritos sobre
cualquier objeto o colocándolos en sus casas. El amuleto
se convirtió en un sinónimo de fe, de creencia en
los poderes sobrenaturales de los dioses y en un poderoso utensilio
contra el miedo. Y pervivió a lo largo de los siglos.