Desde entonces, los amuletos se utilizan para
protegernos contra los peligros del entorno, para aumentar la confianza
en nosotros mismos, para disminuir nuestros miedos y para darnos
fortaleza. Pero para conseguir todo esto hay que creer en ellos.
Si no creemos en las fuerzas universales que hay a nuestro alrededor,
si no creemos en nosotros mismos, posiblemente nos resultará
muy difícil sobrevivir y seremos incapaces de acudir a la
ayuda que los amuletos nos pueden proporcionar.
Los amuletos expresan nuestros deseos, nuestras necesidades, nuestras
esperanzas, todo lo que encierra el corazón del hombre: el
amor, la fortuna, la lealtad, la envidia, la esperanza, la prosperidad,
la salud, la felicidad, la suerte... todo está concentrado
en ellos y al alcance de cualquiera de nosotros. Ellos esperan,
nosotros decidimos.
Los expertos sobre temas naturales y sobrenaturales todavía
no se han puesto de acuerdo sobre el poder que encierran los amuletos.
Algunos afirman que verdaderamente tienen poderes mágicos,
otros insisten en que sólo representan ayudas psicológicas
que benefician a las personas porque las fortalecen mentalmente.
Posiblemente las dos versiones encierren algo de verdad y sean igualmente
efectivas. Pero lo más importante, lo que sí es realmente
cierto, es que el auténtico poder encerrado en un amuleto
es el poder de nuestra propia mente, nuestra creencia, nuestra fe,
capaz de alterar en un momento determinado las circunstancias de
nuestra vida, y de esta manera poner en pie el concepto de magia.
Si creemos en el poder de un amuleto, ese poder nos hace sentimos
fuertes y protegidos, cuando no creemos se rompe el vínculo
entre nosotros y él y por lo tanto ningún poder nos
puede transmitir.
La virtud más importante que tiene un amuleto es la de librar
a su dueño de daños y peligros y traerle felicidad
y buena suerte. Pueden estar confeccionados de cualquier cosa, una
piedra, un trozo de madera o metal, una planta, una concha extraída
del mar, un anillo. Sobre ellos se realiza una inscripción
que representa a los poderes de las fuerzas sobrenaturales, así
como a otro tipo de cualidades y atributos, los cuales son invocados
por su portador con el propósito de obtener protección.
Generalmente se llevan colgados del cuello, en el bolsillo o simplemente
los tenemos en casa.
Todos los pueblos de la antigüedad han confeccionado amuletos
con fines protectores y mágicos para alejar las malas influencias
y propiciar el bien. Fueron ideados por hombres como nosotros que
necesitaban protegerse de las adversidades que encontraban en su
andadura por la vida. Hoy también estamos necesitados. En
multitud de ocasiones nos sentimos desamparados e impotentes. Si
creemos en ellos y los utilizamos nos sentiremos protegidos. Ellos
nos envolverán. Tal vez, una aureola de bienestar hará que el miedo y las desgracias se alejen de nosotros recuperando
el descanso y la prosperidad.