|
El
cauri
La concha de cauri es posiblemente uno de los
amuletos personales más antiguos que se conocen. Se han encontrado
restos arqueológicos pertenecientes a la época prehistórica
en la antigua ciudad de Jericó de cráneos humanos
en los que se colocaron conchas de cauri para indicar los ojos y,
posiblemente, para proteger a los muertos. Nuestros antepasados
también utilizaban estas conchas para adornar estatuillas
y para confeccionar collares y todo tipo de adornos. Su uso se ha
extendido a lo largo del tiempo y en la actualidad podemos verlo
formando parte de colgantes, cinturones, llaveros, collares y otros
atavíos destinados al aderezo personal. Hasta hace poco tiempo
esta pequeña concha se utilizaba como moneda en los países
africanos.
Como amuleto tiene una antigüedad de al menos 20.000
años y es uno de los adornos humanos más extendido
del mundo. Su interpretación simbólica tiene una doble
vertiente: por un lado se le considera muy apropiado para rechazar
el mal de ojo por su semejanza al ojo humano; por otro lado se considera
que la abertura de la concha es semejante a la hendidura genital
de la mujer. Como amuleto contra el mal de ojo el cauri se utilizaba
en Nigeria en los tocados ceremoniales, de esta manera se creaba
un conjunto de ojos que miraban fijamente en todas direcciones impidiendo
que los males entrasen en la persona. También en Irán
y Egipto se utilizaban los cauris en los arreos de caballos, elefantes
y camellos para protegerlos de los ataque del mal de ojo. En la
India, además, se ataban cochas de cauri en el cuello y en
la frente de las reses más valiosas con el mismo fin. También
era una costumbre, muy extendida en zonas de Egipto, África
occidental, Borneo y Nueva Zelanda, de colocar conchas de cauri
en las cuencas oculares de los muertos para que les permitiese ver
en el más allá.
Como amuleto que representa a los genitales femeninos el cauri
se convirtió en un poderoso símbolo de fertilidad.
De forma que se utilizaba como amuleto protector contra la esterilidad
y los dolores del parto. Se han encontrado manifestaciones
de estos usos en el Pacífico meridional, en el Cercano Oriente
y en muchos lugares de la cuenca mediterránea. Las mujeres
japonesas tenían la costumbre de sostener una concha de cauri
en la mano durante el parto para que este se desarrollase sin ninguna
dificultad. En otras culturas las mujeres jóvenes cosían
conchas de cauri en sus faldas para fomentar el embarazo. En la
época predinástica del antiguo Egipto, hace más
de 5.000 años, el cauri alcanzó altas cotas de popularidad
por sus connotaciones sexuales hasta el punto de que se colocaban
en las prendas interiores femeninas, cerca del órgano que
dio origen a su simbolismo. Mil años más tarde incluso
empezaron a fabricarse en cerámica vidriada, en cornalina,
en cuarzo, en oro y en plata.
Esta pequeña concha marina, el más popular de los
moluscos, podemos encontrarla actualmente en nuestros comercios
y mercadillos callejeros. Tal vez adquirimos un adorno, collar,
colgante, pulsera, confeccionados con conchas de cauris, simplemente
porque nos gusta y nos resulta atractivo, desconociendo sus propiedades
y los poderes mágicos que nuestros antepasados encontraron
en él. Sin embargo tal vez hay que detenerse a pensar
que el cauri no sólo forma parte del adorno que hemos adquirido
sino que también puede sernos útil a la hora de luchar
contra el mal de ojo o de buscar la fertilidad física e incluso
intelectual si lo utilizamos como amuleto protector.
|