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El
muérdago
Hoy lo podemos encontrar cortado en forma de ramilletes
en casi todos los mercadillos navideños y llevarlo a nuestros
hogares para sentirnos protegidos e invocar la paz. Pero una vez
pasadas estas fechas, adquirir un manojo de muérdago es bastante
difícil a no ser que lo tengamos localizado en algún
rincón del bosque y seamos unos expertos arborícolas
capaces de cortarlo con nuestras propias manos cuidando de que no
caiga a la tierra ni toque el suelo.
Aunque casi todas las personas asocian esta planta con la costumbre
navideña de besarse debajo de ella para conseguir un amor
eterno o iniciar una relación amorosa, el muérdago
es una de las plantas con mayor significado simbólico como
protectora de las casas y los establos. Su popularidad arranca
de tiempos prehistóricos y a su alrededor se han forjado
cuantiosas leyendas que han llegado hasta nosotros con tanta fuerza
que todavía hoy sentimos hacia ella una gran adoración
hasta el punto de convertirse en un elemento casi imprescindible
que adorna nuestras casas durante la Navidad.
Era sagrado para los antiguos druidas (sacerdotes
celtas) quienes lo consideraban un símbolo de paz, un
poderoso amuleto protector y un bien para cualquier mal físico
o mágico. Además de emplearlo con fines terapéuticos
su uso era muy común en los ritos de fertilidad y en las
festividades asociadas al final del año celta, sobre el 1
de noviembre, y al solsticio de invierno, sobre el 21 de diciembre,
fechas en la que se suele recolectar. El rito de cortar el muérdago
era muy ceremonioso y complicado. Se debía coger el primer
día de luna nueva y no se podía cortar con ningún
instrumento de hierro o acero. Los druidas utilizaban una hoz de
oro para cortarlo e inmediatamente lo ponían en una prenda
blanca evitando que tocara la tierra o cayera al suelo. El muérdago
más valioso es el que crecía en los robles, árbol
considerado sagrado para los celtas. Con él confeccionaban
guirnaldas y adornaban las casas para proteger a sus moradores
de espíritus maléficos y evitar visitas indeseadas.
Desde entonces se consideró una defensa contra brujas y demonios
y se extendió la costumbre de colocar unas ramitas en las
entradas de las casas. Y como este es el lugar de intercambio de
besos con las visitas que llegaban, se creó esa vinculación
que existe entre el muérdago y los besos. La planta, además,
protegía de una forma especial a las parejas que se besaban
en ese momento de feliz encuentro.
Algunas leyendas cuentan que sus poderes mágicos provienen
de que fue creado como un elemento que no es del cielo ni de la
tierra pues sus raíces no tocan nunca la tierra ni se sostiene
por sí mismo en el aire. Y es cierto ya que es una planta
parásita que crece en manojos sobre las ramas de otros árboles,
encinas, pinos robles, etc., de donde obtiene los nutrientes necesarios
para desarrollarse y vivir. Esta forma de subsistir parásita
procede también de otra leyenda que convierte al muérdago
en símbolo de la Cruz cristiana. En ella se describe que
el árbol elegido para construir la cruz donde Cristo fue
sacrificado sintió tanta vergüenza por este hecho que
empezó a empequeñecer hasta convertirse en esta planta
menuda que ni siquiera puede vivir por sí misma, sino a costa
de otros árboles.
Pequeña, delicada y poderosa, a pesar de ser perseguida en
la actualidad por su parasitismo, encierra un papel simbólico
tan fuerte que si alguna vez nos viésemos privados de ella
nuestros hogares se quedarían desnudos en fechas tan entrañables
como la Navidad.
USOS DEL MUÉRDAGO
Además del uso mágico que nos proporcionan los ramos
frescos y recién cortados que compramos en Navidad, podemos
utilizar esta planta también como amuleto. Cuando se ha secado
podemos introducirla en bolsitas o tarros de cristal y gozar de
protección durante todo el año.
PODERES MÁGICOS
Protección del hogar.
Protección de personas.
Defensa contra espíritus maléficos.
Proporciona suerte y amor eterno.
Favorece la fertilidad.
Cuando hoy adquirimos un ramillete de muérdago para nuestras
casas nos llevamos también un símbolo de regeneración
y restauración de la familia y del hogar, nos llevamos un
poderoso protector contra males indeseables, y una garantía
de amor eterno. No pasemos de largo por los puestecillos navideños
donde el muérdago hace acto de presencia. Volvamos la vista
hacia él y hagámosle partícipe de nuestra Navidad
invitándole a entrar en nuestras casas porque él silenciosamente
nos protegerá.
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